Capítulo 2: El Susurro de los Fantasmas

El nivel treinta y dos de los backrooms se extiende ante mí como un laberinto de caos y desesperación. Las paredes están cubiertas de extraños símbolos y el aire está cargado con una energía palpable que eriza mi piel. Es aquí donde me encuentro, atrapado en esta prisión de pesadillas.

Para llegar al nivel treinta y dos, me aventuré a través de un pasaje oculto en una de las habitaciones del nivel treinta y uno. La sensación de estar atrapado en un interminable bucle temporal me acompañaba, pero seguía adelante, buscando una salida de este tortuoso laberinto.

Desde el momento en que puse un pie en el nivel treinta y dos, supe que algo estaba mal. Las paredes parecen moverse y cambiar de forma, como si estuvieran vivas. Los pasillos se retuercen y se vuelven cada vez más estrechos, desafiando mi cordura. La oscuridad es opresiva, solo interrumpida por destellos ocasionales de luces parpadeantes.

A medida que avanzo, comienzo a escuchar susurros fantasmales que resuenan a mi alrededor. Voces inquietantes me susurran al oído, hablando en lenguajes desconocidos y proféticos. Trato de ignorarlos, pero su influencia se arraiga en mi mente, sembrando dudas y paranoia.

En medio de esta pesadilla, una entidad desconocida aparece ante mí. Solo puedo vislumbrarla brevemente entre las sombras. Tiene una figura etérea, con extremidades alargadas y una piel translúcida. Parece desafiar las leyes de la realidad, moviéndose con una gracia sobrenatural.

Instintivamente, me lanzo hacia un pasillo estrecho y corro por mi vida. La entidad me persigue, susurros espectrales resonando a su paso. Puedo sentir su presencia justo detrás de mí, su aliento helado rozando mi nuca. Pero no me rindo.

Aprovechando un momento de destreza, tomo un giro brusco y me deslizo por un hueco en la pared. La entidad, confundida, se desvanece en la oscuridad mientras continúo mi huida frenética. Mi corazón late con fuerza mientras me alejo de esa amenaza.

Finalmente, después de una carrera desesperada, encuentro una puerta que brilla débilmente al final de un corredor. La abro con ansias, adentrándome en el siguiente nivel, dejando atrás el caos del nivel treinta y dos.

A medida que la puerta se cierra tras de mí, me encuentro en un nuevo escenario aterrador, consciente de que cada nivel de los backrooms está lleno de sus propias trampas y peligros mortales. Pero, pase lo que pase, no me rendiré. La libertad aguarda en algún lugar más allá de esta realidad retorcida y de las entidades desconocidas que acechan en las sombras.

Continuará…