En el nivel setenta y ocho de los Backrooms, me encuentro sumido en un paisaje desolado y oscuro. Las paredes están cubiertas de una sustancia gelatinosa que brilla con una luz mortecina, iluminando el camino que se extiende ante mí. Cada paso que doy es un eco en el silencio, recordándome la soledad en la que estoy inmerso.

Llegué a este nivel tras superar innumerables desafíos en niveles anteriores. Me adentré en las profundidades de los Backrooms impulsado por una sed insaciable de respuestas y la esperanza de encontrar la salida de este laberinto interdimensional. Pero este nivel en particular se presenta como una prueba aún más ardua y desesperante.

El espacio del nivel setenta y ocho es un laberinto sin fin de pasillos estrechos y retorcidos. Cada giro es una trampa en potencia, cada cruce un dilema que amenaza con perderme en la oscuridad eterna. La falta de referencias visuales y la sensación constante de estar siendo observado añaden un nivel adicional de angustia.

Mientras me aventuro en el laberinto, una entidad desconocida acecha en las sombras. Solo puedo vislumbrar fragmentos de su figura: apéndices largos y esqueléticos que se retuercen en formas incomprensibles y un par de ojos brillantes como brasas ardientes. Su presencia emana una energía maligna y una sed de caos.

La entidad se mueve en total silencio, desplazándose con una agilidad que desafía toda lógica. Siempre un paso detrás de mí, susurra palabras ininteligibles que resuenan en el aire, tratando de romper mi voluntad. Siento su mirada penetrante en mi espalda, una sensación que congela mi sangre y acelera mi pulso.

Utilizo todos mis sentidos para evitar su contacto. Cada paso es cauteloso y calculado, cada movimiento es una danza coreografiada para esquivar sus tentáculos retorcidos. Aprovecho los momentos de silencio y los rincones oscuros del laberinto para camuflarme y escapar de su influencia malévola.

En un raro momento de lucidez, descubro una abertura en la pared del laberinto. Sin pensarlo dos veces, me lanzo hacia ella, dejando atrás el abismo de la eternidad y la entidad acechante. Al otro lado, me encuentro en un nuevo nivel, bañado por una luz tenue y una sensación renovada de esperanza.