Capítulo 21: La Senda de la Desolación

Adentrarme en el nivel cuarenta y siete de los backrooms fue como sumergirme en un abismo de desolación y desesperanza. Mi llegada a este nivel se dio de forma inesperada, a través de un pasaje oculto en las profundidades del nivel anterior. El ambiente cambió drásticamente, transportándome a un espacio sombrío y estéril.

El nivel cuarenta y siete se caracterizaba por un paisaje desértico y yermo, donde la arena se extendía hasta el horizonte sin fin. El sol se ocultaba tras un cielo permanentemente nublado, sumiendo todo en una penumbra melancólica. El aire era árido y cargado de un silencio opresivo que se adentraba en cada rincón.

Las dificultades eran múltiples en este nivel inhóspito. La falta de recursos, el agotamiento y la sensación de soledad eran mis compañeros constantes. La búsqueda de un camino a seguir se volvió un verdadero laberinto, ya que las dunas se asemejaban a una maraña de caminos entrelazados, confundiéndome en mi intento por encontrar una salida.

Fue en medio de este yermo desolado que una entidad desconocida hizo su aparición. La vislumbré como una figura etérea y difusa, cuyos contornos se desvanecían en las sombras. Sus ojos, brillantes y penetrantes, irradiaban una malevolencia latente. Era una criatura de aspecto humanoide, pero con una presencia inhumana que helaba la sangre.

Para esquivar a esta entidad, tuve que confiar en mi intuición y astucia. La criatura era rápida y ágil, moviéndose entre las dunas con una elegancia sobrenatural. Su cercanía se manifestaba a través de un siseo sutil y el roce de sus garras contra la arena. Me mantenía en constante alerta, buscando pistas visuales y sonoras para anticipar sus movimientos y eludirla.

Las horas se volvieron días y los días se desvanecieron en un tiempo indefinido mientras luchaba por encontrar una salida del nivel cuarenta y siete. La criatura se convirtió en una persistente sombra que siempre acechaba a mis espaldas, empujándome a mantener un ritmo frenético en mi búsqueda de escape.

Finalmente, cuando parecía estar al borde de la desesperación, descubrí una serie de rocas apiladas en una formación peculiar. Intuí que era una señal, una guía hacia la libertad. Sin dudarlo, me aventuré por ese sendero improvisado, sorteando los obstáculos que la entidad arrojaba a mi paso.

Con cada paso, sentía que me acercaba a la salida. La entidad desconocida se volvía más inquieta y sus intentos por atraparme se volvían más desesperados. Pero mi determinación era inquebrantable y, finalmente, logré despistarla lo suficiente como para alcanzar la última roca y ascender hacia el siguiente nivel.

Escapé del nivel cuarenta y siete exhausto y temblando, pero con un sentimiento de victoria que me impulsaba a seguir adelante. Atrás dejé la desolación y la entidad siniestra, sabiendo que aún me esperaban más desafíos en los backrooms.

Continuará…