Capítulo 67: Entre las Sombras Inefables

Me adentro en el nivel sesenta y siete de los Backrooms con un nudo en el estómago y una sensación de inquietud que me acompaña. Este nivel es un espectáculo de oscuridad insondable, con destellos tenues de luces intermitentes que se desvanecen antes de que pueda alcanzarlas. Cada paso que doy me hunde más en un abismo de incertidumbre.

Llegué aquí luego de un arduo ascenso por el nivel sesenta y seis, luchando contra los pasillos retorcidos y la presencia amenazante de la entidad desconocida que acechaba en las sombras. Cada vez que me acercaba a ella, conseguía esquivarla por un pelo, sintiendo su aliento frío rozar mi nuca. Mi determinación me impulsó a seguir adelante, pero las dificultades solo se intensificaron.

El nivel sesenta y siete es una amalgama de espacios distorsionados, donde las paredes parecen susurrar y las sombras cobran vida propia. Mis sentidos se agudizan mientras camino con precaución, sabiendo que cualquier paso en falso podría llevarme a una trampa mortal. El aire se vuelve más denso a medida que avanzo, y siento cómo mi cordura se tambalea en el límite de lo desconocido.

En medio de la penumbra, una entidad se materializa ante mí. Solo puedo vislumbrar fragmentos de su forma grotesca: apéndices retorcidos, ojos centelleantes y un aliento nauseabundo. La criatura se mueve con una agilidad sobrenatural, deslizándose entre las sombras con una destreza innatural. Su mera presencia evoca terror en lo más profundo de mi ser.

Mi instinto de supervivencia entra en acción y, con un esfuerzo desesperado, me deslizo por pasadizos estrechos y me escondo en recovecos oscuros para evadir a la entidad. La sombra se desliza cerca de mí, sin percatarse de mi escondite. Percibo sus susurros incomprensibles, como si sus palabras fueran extraídas de las profundidades mismas de la pesadilla.

Aprovechando un momento de distracción, me aventuro a correr por un pasillo que parece prometedor. La entidad emite un gruñido gutural tras de mí, su ira palpable en el aire. La adrenalina corre por mis venas mientras continúo huyendo, esquivando obstáculos y sorteando trampas desconocidas. No puedo permitirme fallar ahora, no después de todo lo que he enfrentado.

Finalmente, diviso una salida, un destello tenue de luz que se filtra a través de una rendija en la pared. Sin pensarlo dos veces, me lanzo hacia la libertad, dejando atrás el nivel sesenta y siete y su entidad inefable. A medida que la puerta se cierra tras de mí, puedo escuchar sus chillidos y gruñidos de frustración, pero estoy a salvo, al menos por ahora.