Al ingresar al nivel setenta y cinco de los Backrooms, me encuentro inmerso en un espacio turbio y amenazante. Las paredes y el suelo están cubiertos de una sustancia viscosa y oscura que parece palpitar con vida propia. Cada paso que doy es una lucha para no ser absorbido por el vórtice de las sombras que me rodea.

Mi llegada a este nivel fue accidental. Después de sortear trampas mortales en el nivel setenta y cuatro, me encontré arrastrado hacia abajo por una corriente de energía distorsionada que me llevó al nivel setenta y cinco. Desde el momento en que mis pies tocaron el suelo, supe que enfrentaría dificultades inimaginables.

El espacio del nivel setenta y cinco es un laberinto retorcido de pasillos interminables. Las paredes se deforman y se desplazan, creando una sensación claustrofóbica y desorientadora. La sustancia viscosa que cubre todo resbala bajo mis pies, haciendo que cada avance sea un desafío para mantener el equilibrio y no ser arrastrado hacia las profundidades sombrías.

Mientras me adentro en el laberinto, una entidad desconocida acecha en las sombras. Solo puedo vislumbrar su figura de manera fragmentada: largos tentáculos ondulantes y ojos que brillan con un fulgor siniestro. La entidad se desplaza con una agilidad sobrenatural, anticipando mis movimientos y esperando el momento oportuno para atacar.

Mi corazón late con fuerza mientras intento evitar el contacto con la entidad. Sus tentáculos se retuercen a mi alrededor, buscando atraparme y arrastrarme hacia las profundidades oscuras. Utilizo todas mis habilidades de sigilo y agilidad para moverme con cautela, buscando rutas alternativas y evitando su detección.

La entidad emite un susurro gutural y sus movimientos se vuelven más frenéticos a medida que me acerco a una posible salida de este nivel. Siento su presencia acechándome en cada esquina, su influencia oscura tratando de quebrantar mi voluntad. Pero me mantengo firme, resistiendo su influencia y luchando por mi supervivencia.

Finalmente, encuentro una brecha en el laberinto de pasillos. Corro hacia ella sin mirar atrás, sintiendo los tentáculos de la entidad rozar mi espalda. Me adentro en la brecha y me encuentro en un nuevo nivel, dejando atrás el vórtice de las sombras y la entidad maligna.