El nivel setenta y dos de los Backrooms se extiende ante mí como un laberinto de los espejos, distorsionando mi percepción y desafiando mi cordura. Cada reflejo es una ilusión engañosa, y cada paso que doy parece llevarme más profundamente en esta realidad distorsionada.

Llegué aquí tras superar el santuario de las almas perdidas del nivel setenta y uno, donde la tristeza y la melancolía llenaban el aire. Los ecos de lamentos pasados resonaron en mis oídos, pero mi determinación de encontrar la salida de los Backrooms sigue ardiendo en mi interior.

El nivel setenta y dos es un espacio lleno de pasillos estrechos y sinuosos, adornados con espejos que reflejan una imagen distorsionada de mí mismo. Cada reflejo es una versión alterada de la realidad, una imagen que se retuerce y se deforma, desafiando mi percepción y jugando con mi mente.

Mientras avanzo, una entidad desconocida emerge de los reflejos. Solo puedo vislumbrar fragmentos de su figura: un contorno oscuro, movimientos erráticos y una presencia amenazante. La entidad se desliza entre los espejos, desafiando las leyes de la física y acechando en la periferia de mi visión.

Mi corazón late con fuerza mientras intento evadir a la entidad. Sus movimientos impredecibles y su presencia opresiva hacen que cada momento sea una lucha por mantenerme cuerdo. Busco desesperadamente la ruta correcta a través del laberinto de los espejos, sabiendo que cada paso en falso podría llevarme a una trampa mortal.

La entidad emite susurros discordantes y su presencia distorsiona aún más la realidad a mi alrededor. Siento sus ojos inquisitivos clavados en mí, escrutándome desde detrás de los reflejos deformados. Mi mente se agudiza mientras busco pistas sutiles, cualquier indicio que me lleve a la salida de este enigmático nivel.

En un acto de valentía y astucia, encuentro un patrón en los reflejos distorsionados. Con cada reflejo que elijo ignorar, cada imagen falsa que rechazo, me acerco un poco más a la verdadera salida. Me muevo con cuidado, evitando las trampas ilusorias y confiando en mi intuición para guiar mi camino.

Finalmente, llego a un espejo particularmente grande y antiguo. Me enfrento a mi propio reflejo deformado y, con un acto de valentía, lo atravieso. Al otro lado, me encuentro en un nuevo nivel, liberado del laberinto de los espejos y listo para enfrentar nuevos desafíos en mi búsqueda de la salida de los Backrooms.