Capítulo 11: La Sombra Insondable

Enfrenté el desafío de adentrarme en el nivel cuarenta y seis de los backrooms, un lugar envuelto en una oscuridad opresiva y amenazante. La transición hacia este nivel fue abrupta, transportándome a un espacio en el que la luz se extinguía y solo reinaba la negrura absoluta.

Llegué al nivel cuarenta y seis con la esperanza de obtener respuestas, pero pronto me enfrenté a dificultades inimaginables. La oscuridad era tan densa que sentía que se aferraba a mi piel, impidiéndome ver más allá de unos pocos pasos. Cada movimiento se volvía incierto y me sumergía en la inquietante sensación de que algo acechaba en la sombra.

La falta de luz me hacía vulnerable y la sensación de estar siendo observado se intensificaba. En medio de esa negrura, una entidad desconocida emergía de las profundidades del nivel cuarenta y seis. Solo podía percibir su presencia de manera parcial, como una sombra en constante movimiento. Su figura era indistinguible, como si estuviera compuesta por las mismas tinieblas que envolvían el nivel.

La entidad parecía ser consciente de mi presencia y se desplazaba sigilosamente a través de la oscuridad, persiguiéndome con una determinación implacable. Su existencia era inquietante, una presencia amenazante que me recordaba constantemente que no estaba solo en aquel lugar sombrío.

Para sobrevivir en el nivel cuarenta y seis, tuve que confiar en mis sentidos más agudos. Cada paso era una prueba de valentía, ya que avanzaba en la penumbra con extrema precaución. Me aferraba a la esperanza de encontrar alguna fuente de luz que me guiaría hacia la salida, pero el nivel parecía resistirse a revelar sus secretos.

Cuando la entidad desconocida se manifestaba, me veía obligado a confiar en mi instinto y habilidad para moverme en la oscuridad. Su presencia era palpable, pero evasiva. Percibía su movimiento sigiloso y el susurro de su respiración, pero solo podía vislumbrarla como una sombra fugaz que se desvanecía en el abismo.

Evadir a la entidad en la negrura era un desafío aterrador. Me desplazaba en silencio, aprovechando cualquier indicio de su ubicación para esquivarla y mantenerme a salvo. Me aferraba a la esperanza de que el poder de la oscuridad no prevaleciera sobre mi determinación de escapar de aquel nivel ominoso.

Después de enfrentar innumerables obstáculos y luchar contra mis propios temores en el nivel cuarenta y seis, finalmente encontré una pequeña fisura en la negrura. Me adentré en ella con determinación y, poco a poco, la luz comenzó a filtrarse, disipando la opresiva oscuridad.

Escapé de aquel abismo oscuro, dejando atrás la entidad desconocida que me había acechado. Mientras emergía a un nivel más luminoso, sentí un alivio mezclado con la certeza de que mi lucha aún no había terminado. Cada nivel de los backrooms presentaba sus propios desafíos, y el cuarenta y seis había sido una prueba intensa de voluntad y valentía.

Continuará…