El nivel setenta de los Backrooms se extiende ante mí como un abismo insondable, desafiando mi determinación y poniendo a prueba mi cordura. Cada paso que doy parece hundirme más en la oscuridad infinita, donde la realidad se desvanece y las pesadillas se vuelven tangibles.

Llegué aquí tras sobrevivir al vórtice de la locura del nivel sesenta y nueve, donde las dimensiones se retorcían y distorsionaban sin descanso. Las entidades desconocidas y las alucinaciones atroces me acosaron sin piedad, pero mi voluntad de escapar de este laberinto interdimensional sigue ardiendo en mi interior.

El nivel setenta es un paisaje sombrío y desolado. Las paredes están cubiertas de una sustancia viscosa y las corrientes de aire frío se arrastran por los pasillos, susurrando secretos inquietantes. Me encuentro en un laberinto de pasajes estrechos y cámaras vacías, donde la sensación de estar siendo observado nunca desaparece.

En medio de esta desolación, una entidad desconocida emerge de la oscuridad. Solo puedo vislumbrar fragmentos de su forma grotesca: extremidades retorcidas, una boca llena de dientes afilados y ojos sin fondo. La criatura se desliza con una agilidad sobrenatural, acechando en las sombras con sed de presas desprevenidas.

Mi corazón late aceleradamente mientras intento evadir a la entidad. Sus pasos silenciosos y su aura malévola hacen que cada momento sea una lucha por mantenerme un paso por delante. Me deslizo sigilosamente por pasillos estrechos y me oculto en nichos oscuros, rezando para que mi presencia pase desapercibida.

La entidad emite gruñidos guturales y su aliento putrefacto inunda el aire a mi alrededor. Siento su presencia tenebrosa rozando mi piel, enviando escalofríos por mi columna vertebral. Mi mente aguda busca cualquier oportunidad de escape, cualquier resquicio de luz en esta vasta oscuridad.

En un acto de desesperación y valentía, encuentro una puerta entreabierta al final de un pasillo. Es mi única esperanza de escapar del nivel setenta. Me lanzo hacia ella, corriendo a toda velocidad mientras la entidad persigue mis pasos. La puerta se cierra justo a tiempo, dejando a la criatura atrapada en la oscuridad que dejé atrás.

Me encuentro en un nuevo nivel, todavía envuelto en la incertidumbre de mi paradero, pero con la certeza de que estoy un paso más cerca de la salida de los Backrooms. El abismo insondable del nivel setenta se desvanece a mis espaldas, dejando una lección indeleble de supervivencia y resistencia.