Dentro del misterioso y perturbador universo de los Backrooms se encuentra el Nivel 235, un reino de marionetas rotas y sombras siniestras que mantienen a los intrépidos exploradores en un constante estado de inquietud y desconcierto. Cada nivel de los Backrooms está impregnado de una atmósfera inquietante y desconcertante, diseñada para mantener cautivos a aquellos que se aventuran en su interior. El Nivel 235 no es una excepción, siendo un lugar donde las marionetas toman vida propia y acechan en la oscuridad.

Descripción del Nivel 235:

El Nivel 235 de los Backrooms es un mundo oscuro y desolado, donde las marionetas rotas y olvidadas son los protagonistas. Al ingresar a este nivel, los exploradores se encuentran rodeados de un aura de tristeza y desesperanza. Las paredes están cubiertas de cortinas desgarradas y telas de araña, y la iluminación es escasa, creando sombras que parecen cobrar vida propia y bailar en la periferia de la visión.

El sonido en el Nivel 235 es una melodía discordante y macabra, como si las cuerdas de las marionetas estuvieran resonando en el aire. Los pasos de los exploradores son acompañados por un eco ominoso, mientras que risas distorsionadas y susurros ininteligibles se escuchan a lo lejos. El viento susurra palabras que parecen provenir de las propias marionetas, evocando una sensación de inquietud y malestar en quienes se aventuran en el nivel.

Los pasillos del Nivel 235 se asemejan a un antiguo teatro abandonado, con cortinas desgarradas y pisos crujientes bajo los pies. Las habitaciones están llenas de títeres rotos, algunos suspendidos del techo mientras otros yacen esparcidos por el suelo. Las marionetas parecen estar en constante movimiento, sus brazos y piernas retorcidos en poses antinaturales, como si estuvieran esperando cobrar vida en cualquier momento.

Dentro de este nivel, los exploradores se enfrentan a encuentros perturbadores con las marionetas animadas. Estas figuras, que alguna vez fueron juguetes inanimados, ahora se mueven con una voluntad propia. Sus ojos vacíos siguen a los intrusos mientras se deslizan y contorsionan en un baile espeluznante. Los títeres susurran palabras incomprensibles y hacen gestos amenazantes, creando una sensación de peligro constante.