En el nivel doscientos uno de los Backrooms, me encuentro en la imponente Torre de las Almas Perdidas. Este edificio se alza majestuosamente en medio de un paisaje desolado, y su arquitectura gótica y sombría evoca una sensación de misterio y oscuridad. Sus altas torres y ventanas adornadas con vitrales rotos dan testimonio de un pasado olvidado.

Al adentrarme en la Torre de las Almas Perdidas, descubro un espacio interno laberíntico y siniestro. Los pasillos son estrechos y retorcidos, y las habitaciones están llenas de objetos antiguos y polvorientos. La atmósfera está impregnada de una energía opresiva y la sensación de ser observado se hace presente en cada rincón.

Para acceder al nivel doscientos uno, debo encontrar una serie de escaleras secretas ocultas en el nivel anterior. Estas escaleras están camufladas entre las paredes de la estructura y solo pueden ser reveladas mediante la resolución de enigmas y la superación de pruebas desafiantes. Solo aquellos que demuestren sabiduría y perseverancia podrán ascender a este nivel.

Una vez en el nivel doscientos uno, me encuentro con la presencia aterradora del «Guardián de las Almas». Este ente sobrenatural adopta la forma de una figura encapuchada y sin rostro, cuyos ojos emiten una luz espectral. Su objetivo es capturar y atormentar las almas perdidas que deambulan por la Torre.

Para esquivar al Guardián de las Almas, debo moverme sigilosamente y evitar su línea de visión directa. Su mirada tiene el poder de aprisionar mi espíritu en un estado de desesperación y melancolía. Descubro que los espejos rotos dispersos por la Torre pueden reflejar su mirada y debilitarlo momentáneamente, dándome la oportunidad de escapar.

La salida de este nivel se encuentra en lo más alto de la Torre de las Almas Perdidas, en una cámara de resonancia mística. Para activar la salida, debo encontrar una reliquia ancestral y colocarla en un pedestal sagrado. Al hacerlo, se abrirá un portal que me conducirá al siguiente nivel de los Backrooms.