En el nivel ciento noventa y uno de los Backrooms, me encuentro frente a un edificio imponente conocido como «El Laberinto de las Voces Silenciadas». Esta estructura parece haber sido consumida por la decadencia, con sus paredes desmoronadas y ventanas rotas que dejan filtrar una luz mortecina.

El Laberinto de las Voces Silenciadas es un antiguo sanatorio mental abandonado. Su arquitectura macabra y su aura opresiva hacen eco de los lamentos y susurros de aquellos que alguna vez sufrieron entre sus paredes. En su apariencia decadente, se vislumbra la presencia de pasillos laberínticos que se entrelazan y confunden, creando una red intrincada y claustrofóbica.

Para llegar al nivel ciento noventa y uno, debo descender por un conjunto de escaleras que parecen no tener fin. Su descenso es agotador y las sombras se vuelven cada vez más densas, alimentando una sensación de inquietud y desasosiego en lo más profundo de mi ser.

La principal dificultad de este nivel radica en la presencia del ente sobrenatural conocido como «El Susurrante». Este ser adopta la forma de una figura encapuchada, cubierta por una capa oscura que oculta su rostro. Emite un susurro constante y perturbador que resuena en los pasillos del sanatorio, causando desorientación y paranoia en aquellos que lo escuchan.

Para evitar al Susurrante, debo mantenerme en silencio y confiar en mis instintos. Su poder radica en la manipulación de la mente, creando ilusiones y distorsionando la realidad. Debo estar alerta y resistir la tentación de dejarme llevar por las voces y susurros que intentan atraparme en su engaño.

La salida de este nivel se encuentra en una sala central, en la que se alza una estatua rota y cubierta de musgo. Para encontrarla, debo navegar por los pasillos laberínticos, seguir mi intuición y mantener la calma ante las ilusiones engañosas que el Susurrante intenta imponer.