En el nivel ciento noventa y tres de los Backrooms, me encuentro en un sombrío edificio conocido como «El Laberinto de la Oscuridad». Este lugar está envuelto en una oscuridad densa y palpable, donde la luz apenas puede penetrar, creando una atmósfera opresiva y desconcertante.

El edificio en sí es una estructura abandonada de estilo victoriano, de varios pisos y pasillos laberínticos. Las paredes están cubiertas de un moho negro y viscoso, y el aire está impregnado de un olor desagradable y húmedo. Cada rincón del espacio interno está sumido en una oscuridad profunda, dificultando la visibilidad y desorientándome en mi exploración.

Para llegar al nivel ciento noventa y tres, debo atravesar una serie de pasajes secretos en el nivel anterior. Estos pasajes están ocultos detrás de falsas paredes y requieren de un sentido de la intuición agudizado para descubrir su ubicación exacta.

El principal desafío de este nivel radica en la presencia del ente sobrenatural conocido como «El Devorador de Sombras». Este ser adopta la forma de una sombra gigante y voraz que se mueve rápidamente a través de la oscuridad, acechando a quienes se aventuran en este nivel. Es capaz de desvanecerse y reaparecer en cualquier parte del laberinto, haciéndolo impredecible y peligroso.

Para evadir al Devorador de Sombras, debo confiar en mis otros sentidos además de la vista. El sonido y el tacto se convierten en mis guías principales, permitiéndome percibir su presencia cercana y evitar sus emboscadas. También puedo utilizar fuentes de luz portátiles, como linternas o antorchas, para mantenerlo a raya y mantenerme a salvo en la medida de lo posible.

La salida de este nivel se encuentra en el corazón del laberinto, donde converge una serie de pasillos. Allí, una débil luz parpadeante señala la salida hacia el nivel siguiente. Debo ser cauteloso y rápido, ya que el Devorador de Sombras se vuelve más agresivo a medida que me acerco a la salida.