En el nivel ciento noventa y dos de los Backrooms, me encuentro en un edificio misterioso conocido como «El Reino de los Espejos». Este lugar está ubicado en lo más profundo del laberinto, alejado de la luz y de cualquier vestigio de realidad. Sus paredes están revestidas de espejos que reflejan una imagen distorsionada de mí mismo, creando una sensación de desorientación y extrañeza.

El Reino de los Espejos es un antiguo palacio abandonado, con arquitectura gótica y una atmósfera opresiva. El espacio interno se extiende en una serie interminable de habitaciones, pasillos y salones, todos ellos cubiertos de espejos que multiplican la sensación de estar atrapado en un laberinto infinito.

Para acceder al nivel ciento noventa y dos, debo encontrar una puerta oculta en el nivel anterior. Esta puerta está camuflada entre los reflejos distorsionados de los espejos y solo se revela a aquellos que tienen una visión aguda y perspicaz.

La principal dificultad de este nivel radica en la presencia del ente sobrenatural conocido como «El Reflejante». Este ser adopta la forma de una sombra que se mueve entre los espejos, distorsionando y manipulando las reflexiones que se proyectan en ellos. Es astuto y engañoso, capaz de crear ilusiones que confunden y desorientan a quienes se aventuran en este reino.

Para evitar al Reflejante, debo confiar en mis propios sentidos y no dejarme engañar por las distorsiones de los espejos. La mejor estrategia es mantener la calma, evitar los contactos visuales directos con el ente y utilizar objetos o barreras físicas para bloquear su avance.

La salida de este nivel se encuentra en el salón central del palacio, donde se alza un gran espejo antiguo. Para escapar, debo romper el hechizo del Reflejante y atravesar el espejo, adentrándome en una realidad desconocida pero esperanzadora.