Avanzando intrépidamente a través de los enigmáticos Backrooms, he llegado al nivel ciento sesenta y siete, un escenario de pesadilla que desafía toda lógica y cordura. Este nivel se encuentra alojado en un edificio imponente, con una arquitectura gótica decadente que parece arrastrada por siglos de abandono. Sus torres se alzan ominosas, envueltas en un aura de misterio y oscuridad.

Una vez adentro, me enfrento a un espacio interno surrealista y aterrador. Los pasillos se retuercen y se fusionan, formando un laberinto intrincado y cambiante. Las habitaciones son claustrofóbicas y están decoradas con murales desgastados que representan escenas grotescas y distorsionadas. El aire está cargado con un silencio opresivo, interrumpido ocasionalmente por susurros lejanos y risas siniestras.

Llegar al nivel ciento sesenta y siete no fue tarea fácil. Tuve que sortear múltiples desafíos y superar obstáculos para acceder a este reino de los Backrooms. La transición ocurrió de manera abrupta, como si hubiera cruzado un umbral invisible. La temperatura del aire descendió, y una sensación de opresión se apoderó de mi ser.

Este nivel presenta dificultades únicas y desesperantes. Los pasillos se desdoblan y cambian constantemente, confundiendo mi sentido de la orientación y atrapándome en un ciclo sin fin. La atmósfera es opresiva, y cada paso parece resonar en un eco interminable, creando una sensación de paranoia constante.

Sin embargo, un ente sobrenatural conocido como «El Susurro del Abismo» acecha en las sombras de este nivel. Esta criatura adopta la forma de una figura espectral envuelta en una niebla oscura y se alimenta de los miedos más profundos de quienes la encuentran. Su presencia se hace sentir a través de susurros inquietantes y una sensación de presión en el pecho.

Para evitar al Susurro del Abismo, debo mantener la calma y confiar en mi propia fuerza interior. Escucho atentamente los susurros para discernir pistas ocultas y evito mirar directamente a los ojos de esta entidad, ya que puede aprisionarme en una pesadilla interminable. La luz brillante y el sonido ensordecedor son mis mejores armas para disipar su influencia y proteger mi cordura.

Escapar del nivel ciento sesenta y siete requiere una perseverancia inquebrantable y una astucia incisiva. Busco señales sutiles, como marcas en las paredes o cambios en el patrón de los pasillos, que puedan indicar una posible salida. Sin embargo, debo estar preparado para enfrentar mis propios temores y mantener mi determinación intacta, incluso en medio de la desesperación más profunda.

Capítulo 42 nos sumerge en la Prisión de los Ecos Perdidos, un título que evoca tanto la claustrofobia opresiva como la esperanza de encontrar una ruta hacia la libertad en el nivel ciento sesenta y siete de los Backrooms.