Adentrándome en el laberinto incierto de los Backrooms, he llegado al nivel ciento sesenta y seis, un reino de distorsión y desesperación. Este nivel está contenido en un edificio de aspecto majestuoso, cuyos muros exteriores están cubiertos de enredaderas retorcidas y ventanas rotas. Su arquitectura evoca una elegancia pasada, pero su decadencia se hace evidente en cada paso que doy.

Una vez dentro, me encuentro con un espacio interno laberíntico y desorientador. Los pasillos se extienden como venas retorcidas, mientras que las habitaciones se abren como bocas sombrías y desprovistas de vida. Las paredes están decoradas con papel tapiz desgarrado, revelando imágenes distorsionadas y retorcidas, como si la realidad misma se hubiera desvanecido en este nivel.

Llegar al nivel ciento sesenta y seis fue un desafío arduo. Tuve que enfrentar un sinfín de obstáculos y resolver enigmas para abrirme paso a través de los niveles anteriores. La transición ocurrió de manera repentina, como si hubiera cruzado un umbral invisible. El aire se volvió pesado y denso, y la sensación de ser observado se intensificó.

Las dificultades en este nivel son múltiples y engañosas. Los espejos rotos adornan los pasillos, creando ilusiones y distorsiones visuales que hacen que sea casi imposible distinguir la realidad de la fantasía. El eco de mis pasos se multiplica, llenando el aire con una cacofonía discordante. Cada puerta que abro revela una nueva habitación, pero algunas son trampas, conduciéndome a espacios incomprensibles y atrapándome en un ciclo interminable.

Sin embargo, una entidad sobrenatural llamada «El Reflejo Voraz» acecha en la oscuridad de este nivel. Esta criatura adopta la forma de un ser humanoide con piel pálida y ojos vacíos, y se camufla entre los espejos rotos, esperando a su presa. Su poder radica en su capacidad para manipular los reflejos y crear ilusiones perturbadoras.

Para evadir al Reflejo Voraz, debo confiar en mi intuición y desconfiar de las apariencias engañosas. Busco patrones irregulares en los reflejos y evito mirarme directamente en los espejos, ya que esa es su entrada a nuestra realidad. Si logro atraparlo en un espejo roto, su prisión se debilitará, pero la destrucción total solo se logra a través de la dispersión de la energía que le da forma.

Escapar del nivel ciento sesenta y seis requiere valentía y claridad mental. Debo navegar por los pasillos sin dejarme seducir por las ilusiones y encontrar el punto de quiebre que me permita avanzar hacia el siguiente nivel. Los destellos de luz provenientes de los espejos rotos pueden indicar una posible salida, pero debo estar preparado para desafiar mis sentidos y confiar en mi instinto.