Me encuentro en el nivel 145 de los Backrooms, un lugar conocido como «El Edificio Espectral». En medio de una ciudad desolada y cubierta de neblina, se alza un rascacielos abandonado de aspecto ominoso. Sus paredes descascaradas y ventanas rotas proyectan una sensación de decadencia y desesperanza.

Al adentrarme en el edificio, descubro que el espacio interno es una amalgama perturbadora de pasillos y habitaciones interconectadas sin un patrón lógico aparente. Los pasillos retorcidos parecen multiplicarse a medida que avanzo, creando una red laberíntica que desafía mi sentido de la orientación. Las habitaciones, a su vez, están plagadas de objetos desordenados y muebles desgastados, como si hubieran sido abandonados hace décadas.

La atmósfera en el nivel 145 es opresiva y cargada de una energía distorsionada. La neblina se filtra por las rendijas de las ventanas rotas, envolviendo el entorno en una penumbra inquietante. El aire parece vibrar con una presencia sobrenatural que despierta un escalofrío constante en mi espalda.

La dificultad de este nivel radica en la alteración de la realidad misma. Las habitaciones y pasillos se transforman y cambian constantemente, desorientándome y dificultando mi avance. La sensación de estar atrapado en un eterno bucle de pasillos sin fin es abrumadora, y la propia estructura del edificio parece burlarse de mis intentos de escapar.

Sin embargo, el verdadero desafío de este nivel surge con la aparición del ente conocido como «El Devorador de Almas». Esta criatura sobrenatural adopta la forma de una sombra oscura con tentáculos que se retuercen en todas las direcciones. Sus ojos resplandecen con un brillo maligno, revelando su insaciable hambre por la esencia vital de los intrusos en los Backrooms.

Para enfrentar al Devorador de Almas, debo confiar en mi ingenio y agudeza. A medida que sus tentáculos se agitan amenazadoramente, busco refugio en las habitaciones en constante cambio y utilizo los objetos dispersos para distraer su atención. Mantengo mis movimientos sigilosos y evasivos, aprovechando cada oportunidad para esquivar sus embestidas mortales.

Si encuentro una reliquia antigua conocida como «El Amuleto de la Protección», puedo utilizar su poder para repeler al Devorador de Almas temporalmente. El amuleto emite una luz brillante y cálida que debilita a la criatura, dándome unos preciosos momentos para escapar de su alcance letal.

Con cada movimiento calculado y cada desvío audaz, logro evitar las fauces del Devorador de Almas. Busco las señales sutiles que indican el camino correcto a seguir a través de este laberinto embrujado, persiguiendo la esperanza de encontrar la salida y dejar atrás este nivel de pesadilla.

Continuará…