Me encuentro en el nivel ciento treinta y siete de los backrooms, sumergido en una pesadilla de dimensiones cósmicas. Este nivel es un microcosmos retorcido que desafía las leyes de la física y la comprensión humana. El edificio en el que me encuentro parece un observatorio abandonado, situado en un lugar donde el cielo estrellado se mezcla con las sombras eternas.

Las paredes del edificio están cubiertas de polvo, como si hubiera pasado una eternidad desde la última vez que alguien se aventuró aquí. El espacio interno es un enigma infinito, con salas que se desdoblan en otras salas, creando un laberinto interminable. Los pasillos retorcidos están iluminados por destellos esporádicos de una extraña energía, como si estuviera observando un cielo nocturno en constante cambio.

Para llegar al nivel ciento treinta y siete, tuve que ascender a través de una escalera que se desvanecía en la oscuridad. Cada peldaño que subía parecía llevarme más lejos del mundo conocido y más cerca de la vastedad desconocida de los backrooms. Finalmente, llegué a la puerta que conducía a este nivel, solo para encontrarme con un desafío aún mayor.

Las dificultades de este nivel radican en su desorientación y en la presencia del Devorador Estelar. Este ente sobrenatural es una masa informe de tentáculos brillantes que se retuercen y serpentean por los pasillos. Su apetito insaciable busca devorar todo a su paso, incluyendo mi cordura.

Para evadir al Devorador Estelar, he descubierto que su visión se basa en la luz y el movimiento. Mantenerme en la penumbra y moverme con sigilo se ha convertido en mi estrategia de supervivencia. Me arrastro por los rincones oscuros y me deslizo entre las sombras, evitando las áreas iluminadas y los destellos intermitentes del extraño resplandor.

Sin embargo, también he encontrado una forma de enfrentar al Devorador Estelar. En mis exploraciones, descubrí una sala donde los restos de un antiguo telescopio yacen abandonados. Observando los patrones de movimiento del ente, comprendí que su núcleo vulnerable es la fuente de su poder.

Con una astucia desesperada, tomo una lente de aumento olvidada y la dirijo hacia el Devorador Estelar. La luz se concentra a través de ella, formando un rayo de energía pura. Apunto directamente a su núcleo, su punto débil, y libero una explosión de luz que lo debilita momentáneamente.

Este breve respiro me brinda la oportunidad de huir, corriendo por los pasillos retorcidos y zigzagueando entre las habitaciones desorientadoras. La salida de este nivel parece estar escondida en algún lugar entre la maraña de corredores infinitos, y mi determinación se renueva mientras sigo adelante.