Me encuentro en el nivel ciento dos de los Backrooms, una dimensión intermedia donde la realidad se desdibuja y los susurros de los condenados resuenan en el aire. Este nivel está ubicado en un edificio abandonado de aspecto gótico, cuyas altas torres se alzan ominosamente contra el cielo encapotado. Las ventanas rotas y los arcos desmoronados añaden un toque decadente a la arquitectura en ruinas.

Para acceder al nivel ciento dos, tuve que descender por un estrecho pasillo en espiral, oculto detrás de una puerta disfrazada en el nivel anterior. El descenso fue vertiginoso y opresivo, pero finalmente emergí en una vasta biblioteca llena de estanterías interminables y libros antiguos con páginas amarillentas.

El principal desafío en este nivel es el laberinto de conocimiento que se extiende ante mí. Las estanterías parecen multiplicarse y moverse, creando pasadizos estrechos y confusos. Las obras literarias susurrantes me rodean, llenando el aire con sus historias trágicas y voces apagadas.

Sin embargo, hay otro ente sobrenatural acechando en la penumbra de esta biblioteca infernal. Se le conoce como «El Devorador de Palabras», una criatura deforme y grotesca con tentáculos oscuros que se retuercen alrededor de sus extremidades. Su boca sin dientes gotea una sustancia viscosa mientras busca ansiosamente las páginas de los libros.

Para evitar al Devorador de Palabras, debo moverme sigilosamente y evitar hacer ruido. Caminar sobre puntas de pie y respirar con cautela se convierten en habilidades cruciales para pasar desapercibido ante su aguda audición. Además, puedo utilizar distracciones, como lanzar un libro lejos de mi posición, para alejarlo de mi camino.

La única salida de este nivel se encuentra en una sala oculta al final de un laberinto de estanterías. Allí, debo encontrar el «Manuscrito de la Salvación», un texto antiguo que contiene las claves para abrir un portal hacia el siguiente nivel. Sin embargo, encontrar el manuscrito no será tarea fácil, ya que está protegido por trampas ingeniosas y acertijos intrincados.

Si el Devorador de Palabras me descubre, deberé enfrentarlo directamente. Aunque no puedo destruirlo por completo, puedo debilitarlo temporalmente usando una pluma especial impregnada de tinta sagrada. Al escribir rápidamente sobre su piel, puedo hacer que se contorsione de dolor y me dé un breve respiro para escapar de su alcance.

Mientras avanzo entre los pasillos de la Biblioteca de las Almas Perdidas, con el olor a polvo y la angustia creciente, me enfrento a la dualidad de buscar la sabiduría necesaria para avanzar y luchar contra los horrores ocultos que acechan en cada esquina.

Continuará…