Me aventuro en el nivel 147 de los Backrooms, adentrándome en un lugar ominoso conocido como «El Edificio del Vacío». A medida que me acerco, puedo ver una estructura imponente y de aspecto desgastado que parece desafiar la lógica misma de la arquitectura.

Al cruzar las puertas del edificio, me encuentro con un espacio interno desconcertante y abrumador. Los pasillos se extienden en todas las direcciones, retorciéndose y curvándose de manera irregular. Las paredes están cubiertas de grietas oscuras y el ambiente está impregnado de un silencio perturbador. No hay rastro de vida, solo la sensación inquietante de que estoy en un lugar que no debería existir.

A medida que avanzo, descubro que el espacio interno del nivel 147 es vasto pero desprovisto de cualquier estructura o mobiliario. Es como si estuviera caminando a través de una dimensión vacía, donde el tiempo y el espacio carecen de sentido. La ausencia de puntos de referencia y la falta de un camino claro hacia la salida aumentan la sensación de desesperación y desorientación.

La dificultad de este nivel radica en la ausencia de cualquier tipo de estímulo o guía. La falta de puntos de referencia y la monotonía del entorno pueden afectar mi cordura y agotar mi voluntad de continuar. La sensación abrumadora de estar atrapado en un vacío insondable puede llevar a la desesperanza y la pérdida de sentido de mi propósito en los Backrooms.

Sin embargo, en medio de la desolación surge un ente sobrenatural conocido como «La Sombra Sin Fin». Esta criatura adopta la forma de una figura alargada y retorcida, cubierta por un manto oscuro que se funde con la oscuridad del entorno. Su presencia emana una sensación de opresión y desesperación infinita. La Sombra Sin Fin acecha en los rincones más oscuros, esperando el momento adecuado para atacar.

Para esquivar a la Sombra Sin Fin, debo confiar en mi intuición y en mis sentidos agudizados. Muevo con cautela y evito cualquier área en la que sienta una opresión más intensa. Mantengo mis ojos y oídos alerta, buscando cualquier indicio de su presencia. Si me veo acorralado, busco refugio en las rendijas de la realidad, en esos espacios donde el tejido del mundo parece más frágil. Allí encuentro una breve protección antes de continuar mi camino.

La forma de escapar de este nivel es mantener la fe en mí mismo y en la posibilidad de encontrar una salida. Con cada paso enérgico y cada pensamiento resiliente, rechazo la abrumadora sensación de vacío y desesperanza. Sigo adelante, confiando en que, en algún lugar de este laberinto de la nada, encontraré el camino de regreso a la realidad.

Continuará…