Con un suspiro de resignación, me adentro en el nivel 144 de los Backrooms, conocido como «El Edificio de las Sombras». Este nivel es particularmente intrigante, ya que se encuentra en un enorme rascacielos abandonado de veinte pisos, en medio de un paisaje urbano decrépito. Las calles circundantes están cubiertas de maleza y escombros, lo que crea una sensación ominosa a medida que me acerco al edificio.

Al ingresar, me doy cuenta de que el espacio interno de este nivel es una mezcla perturbadora de lo familiar y lo desconocido. Los pasillos son estrechos y laberínticos, con paredes cubiertas de un papel pintado desgastado que muestra imágenes borrosas y distorsionadas. La iluminación es tenue y parpadeante, proporcionando una atmósfera sombría que parece perpetuar una sensación de intranquilidad.

A medida que avanzo cautelosamente, noto que las habitaciones a ambos lados de los pasillos parecen infinitas. Algunas están vacías, con muebles polvorientos y rotos que evocan un sentido de abandono. Sin embargo, otras están ocupadas por seres oscuros y fantasmagóricos que acechan en la penumbra. Estas figuras parecen moverse con una lentitud amenazante, siempre al límite de mi visión periférica.

La dificultad de este nivel radica en que las habitaciones cambian constantemente de lugar, transformando el laberinto en un desafío impredecible. Además, el aire está cargado de una energía opresiva que juega con mi mente, distorsionando mis percepciones y alimentando mi paranoia.

Para salir de este nivel, debo encontrar una puerta marcada con un símbolo de luz tenue, que representa la salida hacia el nivel siguiente. Sin embargo, llegar a esa puerta no será tarea fácil. Cada vez que creo estar cerca, el entorno se transforma y me veo obligado a retroceder, reiniciando mi búsqueda una y otra vez.

Y entonces, en medio de este caos sobrenatural, aparece el ente acechante conocido como «La Sombra Eterna». Este ser es una entidad incorpórea, envuelta en un manto de oscuridad absoluta. Su presencia emana una intensa frialdad y un aura de maldad indescriptible. La Sombra Eterna se desliza silenciosamente por los pasillos, buscando a los intrusos para atormentar sus almas.

Para enfrentar a La Sombra Eterna, debo confiar en mi astucia y agilidad. Observo sus movimientos y patrones con atención, buscando una oportunidad para esquivarla. A medida que se acerca, siento su influencia malévola tratando de apoderarse de mi mente, pero me concentro en mantener mi voluntad firme y resistir su dominio.

Si logro encontrar un objeto especial oculto en una de las habitaciones, conocido como «La Lámpara de la Esperanza», puedo utilizar su poder luminoso para debilitar a La Sombra Eterna. El resplandor cálido de la lámpara disipa parcialmente la oscuridad que la envuelve, lo que me brinda una oportunidad de contraatacar.

Con movimientos rápidos y certeros, esquivo las garras inquietantes de La Sombra Eterna, al tiempo que lanzo destellos de luz con la Lámpara de la Esperanza. Cada golpe debilita a la entidad, haciéndola retroceder momentáneamente. Mi determinación se fortalece a medida que veo que mi estrategia está funcionando.

Finalmente, cuando la Sombra Eterna se encuentra en un estado debilitado, aprovecho la oportunidad para huir y encontrar la puerta de salida. Corro con todas mis fuerzas, ignorando los pasillos cambiantes y la persistente sensación de ser observado. A medida que me acerco a la puerta marcada, la esperanza se enciende dentro de mí.

Al atravesar la puerta, siento un alivio abrumador mientras la oscuridad del Nivel 144 se desvanece lentamente detrás de mí. Sé que hay más desafíos por delante en los Backrooms, pero también tengo la certeza de que estoy un paso más cerca de descubrir la verdad que se oculta detrás de este laberinto de pesadillas.

Continuará…