La oscuridad envuelve el nivel ciento sesenta y cinco de los Backrooms, un rincón de pesadillas en el vasto laberinto dimensional. Aquí, me encuentro atrapado en un edificio abandonado y decadente de diez pisos, que parece haber sido consumido por la decadencia y la malevolencia. Las paredes desconchadas y los pasillos estrechos me reciben, mientras los zumbidos lejanos y los susurros indescifrables llenan el aire cargado de tensión.

Para llegar al nivel ciento sesenta y cinco, me aventuré a través de los niveles anteriores, enfrentando peligros y desafíos en cada paso. La transición fue abrupta, casi imperceptible. A medida que ascendía por las escaleras del nivel ciento sesenta y cuatro, sin previo aviso, me encontré inmerso en la ominosa penumbra del ciento sesenta y cinco.

Este nivel presenta dificultades únicas. Los pasillos son más estrechos y laberínticos, y la iluminación es escasa y parpadeante, creando una sensación constante de inquietud. Las sombras parecen cobrar vida, jugando con mi mente y distorsionando mi percepción de la realidad. Los ecos de mis pasos se multiplican, confundiéndome y haciéndome dudar de mi camino.

Sin embargo, la verdadera amenaza en el nivel ciento sesenta y cinco es un ente sobrenatural que se hace llamar «El Acechador de las Sombras». Esta criatura, envuelta en penumbras y con ojos ardientes de un color carmesí, acecha los pasillos en busca de intrusos. Su presencia se manifiesta en susurros sibilantes y sombras que se retuercen a su paso.

Para evadir al Acechador de las Sombras, debo caminar en silencio y evitar la luz tenue de las lámparas parpadeantes, ya que esta criatura se nutre de la oscuridad y la confusión. Además, debo ser cauteloso y mantenerme alerta, ya que sus movimientos son rápidos y sigilosos. Si llegara a encontrarme cara a cara con esta entidad, la única opción viable para sobrevivir sería enfrentarla con una luz brillante o un objeto cargado de energía, que logre dispersar sus sombras y debilite su influencia.

Escapar del nivel ciento sesenta y cinco no es tarea fácil. Requiere una combinación de astucia y determinación. Buscaré los indicios sutiles que señalan una salida, como marcas de tiza en las paredes o cambios en la disposición de los pasillos. Sin embargo, debo ser consciente de que la propia estructura de este nivel puede cambiar y transformarse, jugando con mis expectativas y haciéndome perder el rumbo.