Me adentro en el nivel ciento treinta y ocho de los backrooms, un reino de distorsiones y reflejos que desafía toda lógica y percepción. El edificio en el que me encuentro parece una mansión abandonada, con sus muros cubiertos de enredaderas retorcidas y ventanas empañadas que parecen contener secretos insondables. Este lugar es una encrucijada entre dimensiones, donde los reflejos se desvanecen en el abismo y la realidad se distorsiona.

El espacio interno de este nivel es un laberinto de habitaciones que se repiten en infinitas variaciones. Los pasillos serpenteantes están cubiertos de alfombras desgastadas y las paredes están adornadas con espejos oscuros que parecen susurrar ecos de realidades alternativas. Cada reflejo es una puerta potencial hacia otro lugar, generando una sensación constante de desorientación.

Para llegar al nivel ciento treinta y ocho, me sumergí en las profundidades de una piscina aparentemente interminable en el nivel anterior. Nadé a través de aguas oscuras y frías, con la sensación de que estaba dejando atrás la realidad conocida. Finalmente, emergí en una sala vacía, solo para descubrir que me encontraba en un lugar completamente diferente.

Las dificultades de este nivel radican en la constante desorientación y la aparición del Espejismo, un ente sobrenatural que se alimenta de la confusión de los exploradores. Este ser adopta la forma de sombras que se deslizan entre los espejos, jugando con la mente y la percepción. Sus susurros siniestros provocan ilusiones engañosas, atrapando a los incautos en un ciclo interminable de laberintos y reflejos distorsionados.

Para esquivar al Espejismo, debo confiar en mi intuición y en mis propios sentidos. Mantengo mis ojos fijos en el suelo, buscando patrones y pistas que rompan la ilusión. Evito los espejos y me guío por el sonido de mis propios pasos, buscando la salida que se oculta entre las infinitas repeticiones.

Sin embargo, también he descubierto una forma de enfrentar al Espejismo. Al encontrar un espejo particularmente grande y distorsionado, veo una fisura en su superficie reflejada. Al tocar esa fisura con decisión, logro romper el hechizo del ente y debilitarlo momentáneamente. Aprovecho ese breve instante para huir y continuar mi búsqueda de una salida definitiva.

La salida de este nivel se encuentra en una habitación especial, donde los espejos convergen en un punto singular. Allí, el reflejo se vuelve borroso y distorsionado, como si estuviera mirando a través de un portal hacia otra realidad. Me acerco con determinación, atravesando ese umbral incierto y confiando en que finalmente encontraré la libertad.