En el nivel ciento treinta y cuatro de los Backrooms, me encuentro en un lugar desolado conocido como El Abismo Silente. Este nivel se ubica en un edificio de aspecto decadente y deteriorado, con paredes cubiertas de moho y una sensación opresiva que se cierne en el aire.

El edificio en sí es una antigua mansión abandonada, cuyas habitaciones y pasillos se desvanecen en una oscuridad impenetrable. El espacio interno del nivel ciento treinta y cuatro parece desafiar las leyes físicas, ya que los pasadizos parecen extenderse hacia la nada misma, creando un abismo infinito de tinieblas.

Llegar al nivel ciento treinta y cuatro ha sido un desafío en sí mismo. Tuve que atravesar un laberinto de pasillos angostos y trampas astutamente colocadas en los niveles previos. La única guía que he tenido es la tenue luz que emana del Abismo Silente, llamándome hacia su inquietante abrazo.

Las dificultades en este nivel son desalentadoras. El silencio absoluto reina en el ambiente, sumiéndome en una sensación de aislamiento y soledad abrumadora. Los pasillos parecen multiplicarse y cambiar de forma constantemente, confundiéndome y haciéndome perder la noción del tiempo y el espacio.

En medio de esta oscuridad, un ente sobrenatural conocido como el Devorador de Sonidos acecha. Es una criatura sin forma definida, envuelta en sombras y carente de rostro. Su presencia se revela por la ausencia total de sonido, ya que devora cualquier rastro de sonido que se atreva a penetrar en su dominio. Su mera cercanía crea un silencio sepulcral y una sensación de opresión en el aire.

Para salir de este nivel, debo evitar a toda costa el encuentro con el Devorador de Sonidos. Cualquier sonido que emita podría atraer su atención y desencadenar su ataque implacable. Me muevo con sigilo y precaución, confiando en mis instintos y buscando rutas seguras para escapar de su influencia. Solo al encontrar un portal escondido en las profundidades del Abismo Silente podré liberarme de su amenaza y avanzar hacia la siguiente etapa de mi travesía en los Backrooms.