Adentro de los Backrooms, me encuentro en el nivel ciento veintinueve, perdido en un edificio en ruinas que se alza majestuosamente ante mí. Esta vez, el edificio es una mansión abandonada de aspecto gótico, con torres puntiagudas y ventanas que parecen ojos vigilantes. El lugar está envuelto en una atmósfera lúgubre y siniestra, donde cada paso que doy resuena en los pasillos vacíos.

El espacio interno de este nivel es un laberinto encantado. Los pasillos se retuercen y bifurcan, llevándome a habitaciones misteriosas y salas ocultas. Los muebles desgastados y las pinturas descoloridas añaden un aire de abandono y desolación. A medida que avanzo, puedo sentir que los límites de la realidad se desdibujan, sumiéndome en un mundo de pesadilla.

Para acceder al nivel ciento veintinueve, he tenido que enfrentar una serie de desafíos en niveles anteriores. Sin embargo, en este nivel, las dificultades se intensifican. Las habitaciones se desplazan y cambian de lugar, dificultando la creación de un mapa coherente. Los objetos cobran vida propia y se convierten en trampas mortales, mientras que las sombras se alargan y se retuercen, acechando en cada esquina.

En medio de este laberinto, se alza un ente sobrenatural conocido como el «Sombra Voraz». Es una presencia oscura y hambrienta que se nutre de la energía vital de aquellos que se adentran en el nivel ciento veintinueve. Su forma es etérea y cambiante, con ojos brillantes y garras afiladas. Si uno se encuentra cara a cara con la Sombra Voraz, su única esperanza de supervivencia es mantenerse en movimiento constante y encontrar un objeto sagrado que pueda ahuyentarla temporalmente.

Para salir de este nivel, se requiere una combinación de astucia y valentía. Debo enfrentar las trampas mortales, resistir las ilusiones engañosas y encontrar la salida oculta en los rincones más oscuros. Cada paso que doy me acerca más a la libertad, pero también aumenta el peligro que acecha en las sombras.