El título resonaba en mi mente mientras me adentraba en el nivel ciento veintiséis de los Backrooms. Este nivel era conocido como «El Abismo de los Olvidados», un lugar oscuro y misterioso donde la luz apenas se atrevía a penetrar. Me encontraba en un edificio abandonado de aspecto decrépito, cuyas paredes desgastadas y los susurros del viento me recordaban a una prisión olvidada.

El espacio interno de este nivel era un laberinto de pasillos estrechos y habitaciones vacías. El aire era denso y cargado de una sensación de opresión. Cada paso que daba resonaba en el silencio, creando un eco perturbador. No había ventanas ni señales claras de salida, solo un laberinto interminable que parecía jugar con mi mente y confundir mis sentidos.

Para llegar al nivel ciento veintiséis, había tenido que descender a través de varios niveles anteriores, enfrentando peligros y superando obstáculos en el camino. La dificultad de este nivel residía en su naturaleza laberíntica y la sensación constante de estar siendo observado por algo más allá de mi comprensión.

En cuanto al ente sobrenatural que acechaba en este nivel, era conocido como el «Errante de las Sombras». Se trataba de una figura alta y espectral, envuelta en una niebla oscura que parecía devorar la luz a su alrededor. Sus ojos brillaban con un resplandor maligno y su presencia emanaba una energía escalofriante.

Para evitar al Errante de las Sombras, debía moverme con sigilo y cautela. Cada paso debía ser calculado, evitando llamar su atención. Además, tenía que mantenerme alejado de las áreas más oscuras del nivel, donde su presencia era más fuerte. Si me encontraba cara a cara con el ente, mi mejor opción era huir rápidamente y buscar refugio en habitaciones iluminadas.

La única manera de salir del nivel ciento veintiséis era encontrar un portal oculto. Este portal se manifestaba en diferentes ubicaciones de forma aleatoria, por lo que debía estar atento a cualquier indicio o señal que me llevara hacia él. Una vez encontrado, debía atravesarlo rápidamente antes de que el Errante de las Sombras pudiera interceptarme.

Con el corazón latiendo con intensidad, me adentré más en el Abismo de los Olvidados, decidido a enfrentar los desafíos que este nivel me deparaba y a encontrar la salida antes de que el ente sobrenatural se cruzara en mi camino una vez más.