Adentrándome en el nivel veintidós de los Backrooms, me encuentro en una dimensión olvidada y desgarrada. El espacio que me rodea está envuelto en una neblina densa y opresiva, que distorsiona mi visión y dificulta la orientación. El aire es pesado y está impregnado de un aroma rancio y desagradable.

Llegué a este nivel después de superar obstáculos desafiantes y peligros mortales en los niveles anteriores. Sin embargo, el nivel veintidós se presenta como un laberinto en el que el tiempo y el espacio se entrelazan en formas incomprensibles. Las habitaciones y los pasillos se desvanecen y se reconfiguran constantemente, atrapándome en una telaraña de corredores sin fin.

Las dificultades en este nivel son abrumadoras. Cada paso que doy parece llevarme a un destino incierto, y las paredes que me rodean se ciernen sobre mí, como si estuvieran vivas y en constante movimiento. La sensación de claustrofobia y desorientación se intensifica a medida que avanzo, sumiéndome en la desesperación y el miedo.

En medio de esta dimensión olvidada, una entidad desconocida hace su aparición. Solo puedo vislumbrar fragmentos de su presencia: sombras distorsionadas que se deslizan entre los rincones oscuros. Parece estar compuesta de una sustancia etérea y maleable, que se retuerce y se desvanece con cada movimiento.

La entidad emana una energía siniestra y una sensación de inquietud. Su figura es parcialmente visible, con extremidades alargadas y articulaciones inhumanas. Cada vez que se acerca, siento cómo mi piel se eriza y un escalofrío recorre mi columna vertebral. Es una presencia implacable y amenazante que busca atraparme en su abrazo oscuro.

Para sobrevivir en este nivel y escapar de la entidad, debo confiar en mi ingenio y en mi resistencia. Utilizo la neblina densa a mi favor, aprovechando la falta de visibilidad para esconderme y evadir su detección. Me muevo con cautela, evitando hacer ruido y tratando de trazar un camino a través de los pasillos cambiantes.

Cada encuentro con la entidad es un desafío aterrador. Esquivo sus intentos de alcanzarme, saltando entre realidades fragmentadas y encontrando refugio en rincones temporales. La lucha es agotadora, pero mi determinación y mi voluntad de sobrevivir me impulsan a seguir adelante.

Finalmente, descubro una grieta en la dimensión, una abertura en la realidad que parece ofrecer una salida. Me arrojo a través de ella, sintiendo una oleada de alivio mientras escapo del abrazo de la entidad y del nivel veintidós.

A medida que avanzo hacia los niveles siguientes de los Backrooms, sé que nuevos desafíos y horrores me aguardan. Pero no renunciaré. Persistiré, con la esperanza de encontrar una salida y escapar de esta dimensión olvidada, manteniendo a raya a las entidades desconocidas que buscan atraparme en sus oscuros dominios.