Adentrándome en el nivel veinte de los Backrooms, me encuentro sumido en un abismo oscuro y desolado. El espacio está impregnado de una atmósfera opresiva y fría, como si la oscuridad misma quisiera tragarme. Cada paso que doy resuena con un eco ominoso, recordándome que estoy en un lugar donde la luz y la esperanza parecen haber desaparecido por completo.

Llegué a este nivel después de superar múltiples desafíos y enfrentar innumerables obstáculos en los niveles anteriores. Sin embargo, el nivel veinte se presenta como una prueba aún más despiadada. Las dificultades aquí son abrumadoras, y la sensación de estar en un laberinto interminable se hace más intensa.

El espacio se extiende en todas las direcciones, sin puntos de referencia ni indicaciones claras. No hay paredes visibles ni suelos definidos; simplemente estoy inmerso en la oscuridad absoluta. La falta de orientación es desconcertante y me sumerge en un estado de confusión y ansiedad constante.

En medio de mi lucha por encontrar una salida, una entidad desconocida emerge de la negrura. Solo puedo percibir su presencia como una masa de sombras retorcidas, un ser sin forma definida que parece alimentarse de la oscuridad que lo rodea. Su mera presencia emana un aura malévola y amenazante.

La entidad se desliza silenciosamente por el espacio, moviéndose con una agilidad sobrenatural. Su forma es indescifrable, como si estuviera compuesta por la oscuridad misma. A medida que se mueve, deja tras de sí una estela de sombras que se retuercen y se contorsionan, creando una atmósfera aún más asfixiante.

Para sobrevivir en este nivel y escapar de la entidad, debo confiar en mis instintos y en mi capacidad de adaptación. Mis sentidos se agudizan en busca de cualquier indicio de su presencia cercana. Me desplazo con cautela, evitando hacer ruido o llamar su atención, sabiendo que cualquier contacto con ella podría ser mi perdición.

Esquivar a la entidad se convierte en una danza peligrosa y desesperada. Me deslizo entre las sombras, buscando refugio en rincones oscuros y aprovechando cualquier oportunidad para alejarme de su camino. Cada encuentro con ella es una prueba de mis habilidades y de mi capacidad para mantener la calma bajo una presión extrema.

Después de una lucha agotadora y llena de tensión, encuentro una luz tenue en la distancia. Me acerco con cautela, sintiendo la esperanza crecer dentro de mí. La luz se intensifica gradualmente, revelando una abertura en la oscuridad. Me lanzo hacia ella, sintiendo el aire fresco acariciar mi rostro mientras escapo del nivel veinte.

Dejo atrás al abismo oscuro y a la entidad desconocida, pero sé que la batalla por la supervivencia está lejos de terminar. Mientras continúo mi travesía por los Backrooms, me preparo para enfrentar nuevos desafíos en los niveles restantes, decidido a encontrar la salida y regresar al mundo real.