En el nivel ochenta y seis de los Backrooms me encuentro sumergido en un espacio laberíntico de dimensiones imposibles. Las paredes están cubiertas por una maleza retorcida y espinosa que se contorsiona como serpientes vivas. El aire es denso y sofocante, cargado de un olor a humedad y decadencia.

Mi llegada a este nivel no fue planeada, sino más bien una consecuencia de mi constante exploración y búsqueda de respuestas en los Backrooms. Aquí, sin embargo, me enfrento a dificultades aún mayores que en los niveles anteriores. El laberinto se despliega ante mí, con pasillos que se bifurcan y se retuercen sin sentido aparente. No importa cuánto avance, siempre vuelvo al mismo punto, atrapado en un ciclo interminable de caminos sin salida.

Pero lo más inquietante de este nivel es la aparición de una entidad desconocida. Una sombra oscura y amorphous se desliza por los pasillos, siempre al acecho. Sus ojos rojos brillantes destellan en la oscuridad, mientras emite susurros incomprensibles que parecen penetrar en lo más profundo de mi mente. Es una presencia amenazante, una fuerza maligna que busca atraparme en su abrazo gélido.

Para escapar de este nivel, debo confiar en mi instinto y en mi resistencia. Utilizo el rastro de marcas que he dejado en las paredes y mis recuerdos más vívidos para guiar mi camino. Me adentro en los pasillos con cautela, evitando la entidad desconocida en cada paso, mientras busco desesperadamente una salida de esta vorágine sin fin.

El tiempo se diluye en este nivel, y nunca estoy seguro de cuánto tiempo he estado atrapado aquí. Pero no pierdo la esperanza. Con cada paso y cada desafío superado, siento que estoy más cerca de encontrar la salida y escapar de esta pesadilla eterna. La determinación arde en mi interior, impulsándome a seguir adelante, aunque el laberinto parezca interminable.