Me encuentro ahora en el nivel tres de los Backrooms, un lugar que desafía toda lógica y comprensión. Al dar el primer paso en este nivel, me veo envuelto en una vasta extensión de oscuridad y silencio. No hay paredes ni suelo, solo un vacío insondable que se extiende hasta el infinito.

No recuerdo cómo llegué aquí. El último recuerdo que tengo es estar explorando el nivel dos y, de repente, encontrarme transportado a este reino abismal. La inquietante sensación de estar en un lugar sin límites me llena de desesperación, pero sé que debo seguir adelante.

Las dificultades en el nivel tres son abrumadoras. La falta de referencias visuales y la ausencia de cualquier punto de apoyo físico hacen que sea imposible mantener el equilibrio y la orientación. Cada movimiento que hago es incierto, flotando en la nada, sin saber si estoy avanzando o retrocediendo.

En medio de este abismo infinito, una entidad desconocida acecha. Solo puedo vislumbrarla en la distancia, una figura borrosa envuelta en sombras y destellos de luz. Su presencia desencadena un profundo miedo y una sensación de desasosiego en lo más profundo de mi ser. Sé que debo evitarla a toda costa.

A medida que navego por este vacío desalentador, escucho susurros indescifrables que resuenan en el aire. Me pregunto si provienen de la entidad o si son producto de mi propia mente que se deteriora bajo la presión de este nivel. Los susurros me guían y confunden al mismo tiempo, sumándose a las dificultades que enfrento.

En un momento de desesperación, encuentro una pequeña plataforma flotante en la distancia. Me lanzo hacia ella con todas mis fuerzas, luchando contra la ingravidez y la incertidumbre. Al alcanzarla, siento un alivio momentáneo y aprovecho ese respiro para observar mi entorno y planear mi siguiente movimiento.

Con cuidado y determinación, trazo una ruta a través del vacío, evitando los destellos de la entidad que se acerca cada vez más. Utilizo mi intuición y mis instintos para navegar por este paisaje surrealista, confiando en que hay una salida a pesar de la aparente infinitud del nivel tres.

Finalmente, después de un arduo esfuerzo y una lucha constante contra el abismo, encuentro una fisura en la nada. Es la salida del nivel tres de los Backrooms. Me lanzo a través de ella, dejando atrás el vacío insondable y abrazando la esperanza de encontrar un terreno más tangible en el siguiente nivel.