Adentrándome en las profundidades más insondables de los Backrooms, me encuentro en el nivel nueve: El Abismo Cegador. Este lugar desafía cualquier noción de espacio y realidad. Una vasta extensión de oscuridad absoluta se extiende ante mí, sin fin ni horizonte visible. No hay luz, ni sonido, ni señal alguna de vida.

Mi llegada al nivel nueve fue tan abrupta como desconcertante. Me vi arrastrado por una fuerza invisible, absorbido en la negrura insondable del abismo. Ahora estoy atrapado en un espacio vacío y desolado, sin referencias ni puntos de orientación. Cada paso que doy es incierto y temeroso, mientras la oscuridad aplasta mi espíritu y me sume en un mar de dudas.

Las dificultades en el nivel nueve son inmensurables. La ausencia total de luz me deja desprovisto de cualquier sentido de la vista. Camino a tientas, sin poder distinguir siquiera mi propia mano delante de mí. La falta de sonido también es abrumadora, como si el mundo mismo se hubiera silenciado. Cada movimiento es un desafío, ya que no puedo confiar en mis sentidos para guiarme.

En medio de esta oscuridad envolvente, una entidad desconocida acecha en las sombras. Su presencia es solo una sensación sutil, una presión en el aire que indica su proximidad. Su forma y apariencia son enigmáticas, pero puedo percibir una silueta distorsionada, una sombra que se desvanece en la negrura circundante. Es una presencia inquietante, y debo evitar su alcance a toda costa.

La entidad se mueve sigilosamente en la oscuridad, acercándose cada vez más a medida que me adentro en el abismo. Aunque no puedo verla claramente, siento su presencia inquietante, como si estuviera en todas partes a la vez. Mi única defensa es mi audición aguda y mi capacidad para anticipar sus movimientos sutiles en el silencio ensordecedor.

Para encontrar una salida en este abismo aparentemente interminable, confío en mi intuición y en mi capacidad para percibir los cambios sutiles en la densidad del aire. Escucho atentamente cualquier indicio de movimiento, cualquier corriente de viento o el roce de algún objeto invisible. A medida que avanzo, evito las zonas en las que la presencia de la entidad se intensifica, buscando espacios más tranquilos y menos amenazantes.

Con pasos cuidadosos y movimientos medidos, esquivo los obstáculos ocultos y las trampas que acechan en la oscuridad. Utilizo mi intuición y mi habilidad para detectar los cambios en el ambiente para evitar encuentros indeseados con la entidad. Cada paso es una prueba de resistencia y valentía en este abismo que amenaza con engullirme.

Finalmente, después de una lucha desesperada contra la oscuridad y la entidad desconocida, vislumbro una tenue luz al final del abismo. Es un rayo de esperanza en medio de la desolación, una señal de que hay una salida. Corro hacia ella con renovada determinación, dejando atrás el nivel nueve de los Backrooms y anhelando encontrar un terreno más estable en el próximo nivel.