Después de escapar del nivel uno, me encuentro en el nivel dos de los Backrooms. Este lugar es completamente distinto al anterior, sumergiéndome en un laberinto interminable de pasillos adornados con espejos que reflejan mi propia imagen de manera distorsionada. El brillo tenue de la luz crea una atmósfera irreal y desorientadora.

No tengo idea de cómo terminé aquí. Mi mente todavía se tambalea por la experiencia en el nivel uno, pero no tengo tiempo para perder. Avanzo con cautela, estudiando cada reflejo en los espejos, consciente de que algo acecha en este nivel.

Las dificultades comienzan cuando me doy cuenta de que los espejos no son solo decorativos, sino que algunos funcionan como portales a otras partes del laberinto. No puedo confiar en mi propia percepción, ya que los reflejos distorsionados engañan a mis sentidos y me confunden aún más. La sensación de estar atrapado en un juego cruel se apodera de mí.

En medio de mi lucha por encontrar una salida, una entidad desconocida se hace presente. Solo puedo vislumbrarla de reojo en los reflejos de los espejos: una sombra alargada, con múltiples extremidades retorcidas y ojos brillantes que destellan intermitentemente. Su presencia despierta un profundo temor dentro de mí, pero sé que debo encontrar una manera de evitarla.

A medida que avanzo, descubro un patrón en los espejos: algunos reflejan el camino correcto, mientras que otros me llevarían directo hacia la entidad. Me esfuerzo por memorizar los detalles sutiles y diferenciar los espejos seguros de los peligrosos. Cada paso es una apuesta, un acto de equilibrio entre la supervivencia y el peligro inminente.

Finalmente, después de lo que parece una eternidad, logro encontrar una serie de espejos que me guían hacia una pequeña abertura en la pared. La visión de una luz tenue al final del pasillo me da la esperanza que necesito para correr hacia ella, dejando atrás el nivel dos de los Backrooms.