Me encuentro ahora en el nivel catorce de los Backrooms, atrapado en un lugar conocido como el Laberinto Inextinguible. Esta dimensión retorcida está compuesta por pasillos sin fin, intersecciones confusas y habitaciones idénticas que se multiplican hasta el infinito. Cada paso que doy parece llevarme más profundamente dentro de este laberinto imposible.

Llegué a este nivel catorce de manera accidental. Mientras exploraba los niveles anteriores, me encontré con una puerta que parecía diferente a las demás. Sin pensarlo dos veces, la abrí y fui absorbido por una fuerza misteriosa que me transportó directamente al Laberinto Inextinguible. Ahora, mi objetivo es encontrar una salida y escapar de este entramado infinito de pasillos.

Las dificultades en este nivel son abrumadoras. Cada pasillo se asemeja al anterior, sin señales ni indicaciones para orientarme. El espacio parece jugar con mi percepción, distorsionando las distancias y confundiendo mis sentidos. Cada vez que creo haber encontrado un camino prometedor, termino en una intersección que me devuelve a la misma situación de confusión.

En medio de este laberinto sin fin, una entidad desconocida acecha entre las sombras. Se manifiesta como una figura borrosa y etérea, que se desliza sigilosamente por los pasillos. Su presencia se siente como una corriente de frío en el aire y un escalofrío en la espalda. No puedo distinguir sus rasgos con claridad, pero sus ojos brillan con una intensidad inquietante.

La entidad se mueve con agilidad sobrenatural, desapareciendo y reapareciendo en lugares inesperados. Es como si pudiera doblar las leyes de la física en este laberinto retorcido. Cuando se acerca, siento un aura de peligro inminente, como si fuera capaz de arrastrarme a una dimensión aún más oscura dentro del Laberinto Inextinguible.

Para evadir a esta entidad enigmática, confío en mis instintos y mi capacidad para leer los patrones del laberinto. Observo las señales sutiles en las paredes, las marcas desgastadas y los rastros de otros exploradores perdidos. Me sumerjo en un estado de atención plena, confiando en mi intuición para tomar las decisiones correctas en cada giro y cada cruce.

Después de un arduo y desorientador camino a través del Laberinto Inextinguible, finalmente vislumbro una pequeña rendija de luz al final de un pasillo aparentemente sin salida. Corro hacia ella con todas mis fuerzas, sintiendo la esperanza renacer dentro de mí. A medida que me acerco, la rendija se ensancha y se convierte en una puerta que se abre a un nuevo nivel.

Con un suspiro de alivio, salgo del Laberinto Inextinguible y dejo atrás la entidad que me perseguía en la oscuridad. El aire fresco y el paisaje más reconocible de los Backrooms me dan la bienvenida, recordándome que estoy un paso más cerca de escapar de este laberinto interdimensional.